Ídolos e ilusiones

El fútbol es ilusión. Es lo que explica el sentimentalismo de los aficionados, la pasión con la que se sigue a un equipo. Es la ilusión por un fichaje, por una nueva temporada. Por la posibilidad de ganar al eterno rival, por lograr la permanencia o por conseguir un título. La ilusión por llegar con la cabeza alta al trabajo o a clase al día siguiente, y meter el dedo en el ojo de ese amigo con el que lo único que no se comparte es el escudo.

El fútbol es también la necesidad de idolatrar a un jugador. La forma de canalizar esa ilusión en alguien concreto. Ya sea el fichaje de relumbrón del verano, el retorno del hijo pródigo que se fue y que ahora vuelve, o de un canterano que llama con fuerza a las puertas del primer equipo.

Ilusión e idolatría van de la mano. Una debe llevar a la otra, pero el riesgo es cuando se confunden. El último caso en el Barça tiene nombres y apellidos claros: Ansu Fati. El jovencísimo atacante ha irrumpido en las vidas de los culés de forma inesperada,  mientras que el club da bandazos en el intento de contratación de Neymar.

Ansu es como ese romance veraniego que llega cuando uno menos se lo espera, ilusionante de entrada, pero que no se sabe hasta dónde puede llegar, y al que flaco favor le hace que sirva para sustituir y hacer olvidar a esa pareja que parece que se va. Los culés miran con buenos ojos a Ansu mientras tratan de digerir las fallidas (en el momento de escribir este artículo) negociaciones para traer de vuelta a Neymar Jr.

Es lícito que el barcelonismo se ilusione con Ansu. Es lógico que la afición del Barça esté feliz con la puesta en escena del jovencísimo atacante. La Masía lleva casi una década sin proveer de un futbolista al primer equipo que sea capaz de asentarse en las convocatorias. Sergi Roberto fue el último en hacerlo. Debutó en 2011 y no se hizo habitual hasta cuatro años después.

Por el camino se han quedado jugadores como Tello, ahora en el Betis, o Cuenca, en paradero poco conocido, los últimos descubrimientos de Guardiola. Thiago se fue ‘regalado’ al Bayern y Rafinha y Deulofeu se han ido y han vuelto al Barça tantas veces que uno pierde la cuenta. Sandro y Munir también tratan de encontrar su camino años después de que la afición los convirtiese poco menos que en balones de oro por haberle metido goles al Villarreal y al Elche.

Por todo esto es normal que el aficionado culé mire a Ansu y piense: «por fin la cantera vuelve a dar un talento». Pero calma. Ansu todavía no ha demostrado nada. No se ha ganado la titularidad. Tiene 16 años, es jugador del juvenil, ni siquiera del filial, y todavía tiene camino por recorrer.

Hay que darle todas las oportunidades del mundo y la confianza que se merece. Pero no se puede construir un ídolo donde todavía solamente hay un proyecto. Un proyecto de un grandísimo jugador, cierto. Pero un proyecto, a fin de cuentas.

A Ansu Fati poco bien le hará la ola de euforia de ‘ansufatismo‘ tuitero, o las portadas de los diarios deportivas. De portadas de ídolos prematuros están las hemerotecas llenas. Habría que ver dónde han acabado todos esos talentos  perdidos.

Comentaba el otro día en el podcast del Estadi, en el que hablábamos sobre su primera aparición contra el Betis, de los paralelismos que veía en su debut con el de Bojan. La 2007-2008 fue una temporada decepcionante. El Barça se autodestruyó en el fin de la era Rijkaard, Ronaldinho, Deco y Eto’o. Solo la aparición de Bojan maquilló un annus horribilis para el Barça. Parecía que aquel chico, que había batido todos los récords, se comería el mundo en el Barcelona. La decepción, más allá de ese final de temporada 2009-10 en la que sentó a Ibrahimovic, fue mayúscula.

El caso de Ansu me recuerda un poco a aquello. Una temporada que ya desde el inicio es esperpéntica, con Valverde en el banquillo pese al bochornoso final de temporada del año pasado, con la Junta Directiva ofreciendo el Camp Nou si fuese necesario para traer de vuelta a Neymar, el mismo jugador que dejó plantado al Barcelona, con demanda incluida, hace dos años.

Lo único que ilusiona al barcelonismo, mientras se recuperan Messi y Suárez y el equipo se deja más de la mitad de los puntos en el arranque liguero, con un juego en los partidos a domicilio que no hay por dónde coger, es ver en escena a Ansu Fati.

Un puñado de minutos contra el Betis, una segunda parte con gol incluido en El Sadar han sido suficientes para que Twitter se inunde de fundadores del club de fans y los periódicos lo lleven a sus portadas. Pero conviene ir con calma. La experiencia demuestra que las hemerotecas están llenas de ídolos caídos. Por más que la ilusión sea el motor del fútbol, conviene siempre poner un toque de razón.

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