El León Indomable

El león indomable, ese era su apodo. No hay mejor forma de definir a Samuel Eto’o. Con un fructífero paso por Mallorca y hambre de victoria llegó al Camp Nou para dejar una huella difícil de borrar. Corría el verano de 2004 cuando dejó las Baleares por Barcelona. Eran tiempos de reconstrucción por la ciudad Condal. Año y medio atrás se había finalizado la ‘era Gaspart’ y comenzaba el ciclo de Laporta que, posteriormente, traería tantas alegrías a los culés.

Eto’o era la ambición y la lucha que todo entrenador desea tener a su disposición. Un ganador como pocos. Luchaba y corría durante los 90 minutos de manera ininterrumpida. Hasta que, en un momento, el rival no aguantaba su nivel de concentración y caían en la trampa. Era una constante, si se desconectaban un mísero instante, él ya se había aprovechado de ello para asestar un golpe mortal. Sometía a los rivales hasta que acababan cayendo.

Lo que te entraba a primera vista era su capacidad física. Con verlo en las dos primeras carreras, sabías que era un prodigio en eso. Tenía en su poder una velocidad endiablada con la que iba dejando rivales atrás, como si fuese montado en un Fórmula 1 y el resto en bicicleta. Además, tenía la capacidad de repetir esfuerzos en el minuto 1 y en el 90, sin dar un balón por perdido. A esto se le sumaba que sus desmarques eran larguísimos y creaban infinidad de ventajas. Obligaba a salir de zona constantemente al central y al lateral para perseguir una sombra. Y, en ese espacio, aparecían Giuly, Deco y compañía. No solo dañaba al rival, sino que regalaba ventajas constantes a sus compañeros.

En su conjunto de cualidades, también estaba la voracidad de cara a puerta. Debido a su insistencia y su condición física, se plantaba una infinidad de veces frente al portero rival y, ante esa situación, sabía encontrar el sitio al que este no fuese a llegar. Sus registros fueron tales que le llevaron a ser el máximo goleador liguero del Barça durante su único año con Guardiola a los mandos. De hecho, se quedó a un solo tanto de igualar a Messi en todas las competiciones esa temporada. Además, las noches importantes no se le quedaban grandes. Era ese tipo de jugador que en el día a día es fantástico, pero siente que las citas relevantes deben ser suyas. Grabados en nuestras retinas quedan sus goles en las finales de Champions de 2006 y 2009. Ambos con cierta similitud: apareciendo por un costado y rematando fuerte a la parte baja del primer palo, ante lo que Almunia y Van der Sar poco (o nada) pudieron hacer.

La pareja de baile que formó con Ronaldinho era imperial. Mientras el brasileño les mareaba con su samba futbolística, Eto’o iba picando constantemente hasta desangrar a los rivales. Eran una pareja heterogénea pero, a su par, complementaria. Uno distraía y el otro se colaba hasta la cocina. Para cuando sus adversarios se querían dar cuenta, el resultado era irreversible. Dinho era la sonrisa del Camp Nou y ‘Samu’ la garra y la ambición por volver ganar.

Pero, la misma personalidad que le llevó a ganarse a la afición azulgrana fue la que provocó su salida. Siendo el suyo un carácter fuerte y teniendo un papel importante dentro del vestuario, Guardiola decidió no contar con sus servicios. Nada más sentarse en el banquillo, Pep pidió que Ronaldinho, Eto’o y Deco -los ‘pesos pesados’- saliesen del equipo. Ese vestuario era una bomba de relojería y el de Sampedor quería evitar una explosión que parecía irremediable. Todo lo que habían sido para el equipo, acabó dándose la vuelta en 2008 con una temporada nefasta, un pasillito al Real Madrid y el posterior 4-1 en contra. De ellos, solamente el camerunés consiguió conservar su sitio, al menos, por una temporada más. Un último año brillante en lo deportivo, pero que los encontronazos con el técnico terminaron manchándolo. Hasta que, finalmente, se marchó al Inter de Milán en un intercambio por Zlatan Ibrahimovic.

Su último capítulo relacionado con el Barça estaba aún por escribir. El ‘Pep Team’ llegaba como un tiro a las semifinales de la Champions League de 2010 donde se medirían al equipo milanés. A priori, la eliminatoria partía con favoritismo culé. Pero nada más lejos de la realidad, Eto’o y compañía pasaron de ronda en una de las eliminatorias más recordadas de la historia de la Copa de Europa. Con un cerrojo neroazzurro inquebrantable y con el ex jugador del Barça jugando prácticamente de lateral diestro, se plantaron en una final que acabarían ganando. Asimismo, nos dejó imágenes como las de Mourinho durante el partido da vuelta, interrumpiendo la charla de Guardiola a Zlatan o celebrando con los brazos abiertos y una mirada desafiante hacia la grada. En resumidas cuentas, el que en su momento fue un héroe en el Barcelona, se había convertido en su verdugo.

Sea como fuere, Eto’o consiguió, a base de esfuerzo y sacrificio, un hueco en el corazón de la afición blaugrana. Sus grandes cabalgadas siempre permanecerán sobre el verde del Camp Nou. Él fue uno de los actores principales en el ascenso exponencial del Barça tras la ‘era Gaspart’ y así será recordado. Porque ‘Samu’ fue un futbolista único, pocos han habido como él y no los hay actualmente, ni los habrá en un futuro. Con sus virtudes y defectos, pero siendo siempre él, El León indomable.

Una respuesta a “El León Indomable

  1. Brillante, como en todos tus artículos! Que bien nos iría un León Indomable al Barça actual.

    PD: Si se me permite, creo que en el cuarto párrafo: “ante lo que Lehmann y Van der Sar poco (o nada) pudieron hacer”.
    Es Almunia quién sustituye a Lehmann en la primera parte, precisamente tras una galopada del León Indomable…^^

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