Explicando lo inexplicable (1/2)

Parte I: Mourinho y su derrota más dulce: sobre Zlatan Ibrahimovic, Diego Milito y la resistencia ‘neroazzurra’

Se cumplen prácticamente diez años de aquel Inter celebrando eufórico su pase a la final entre el rocío de los aspersores del Camp Nou. Sí, el Inter de José Mourinho evitó la remontada del mejor Barça de la historia y se plantó en el Santiago Bernabéu, donde levantaría la Copa de Europa. Aquella eliminación del conjunto de Pep Guardiola fue, según el periodista deportivo Miguel Quintana, “la más dolorosa, la más sorprendente” de la historia de la Champions League. Porque, en sus propias palabras, “en ese momento no parecía posible eliminar al Barça de Guardiola”.

Situémonos en el tiempo. 20 de abril de 2010. El Inter de Milán recibe al FC Barcelona en el Guiseppe Meazza. Es el partido de ida de semifinales. José Mourinho forma un 4-2-3-1 con Pandev y Eto’o en los costados y Milito en punta. Guardiola, por su parte, dibuja uno de esos esquemas tan asimétricos pero llenos de orden que tanto usó en su etapa en Can Barça: una línea de cuatro -siendo Alves el lateral ofensivo-, cuatro jugadores por dentro -los tres centrocampistas más Leo Messi-, un extremo derecho -Pedro- y un delantero centro -Ibrahimovic-. Y nadie ocupando el carril izquierdo.

El guion del encuentro quedó claro desde el principio. La intención del Inter, robar en campo propio y salir. La del Barça, tener el control, juntarse mediante el balón y acelerar en el momento oportuno. Sin embargo, al cuadro catalán le faltó lo último. Ibrahimovic no lograba generar ventajas desde lo posicional, algo que sí podía realizar su homólogo y rival Diego Milito. El ariete argentino, aun lejos de su zona de acción, iba y venía, conectaba a un toque con Sneijder o se las quedaba para permitir avanzar a su conjunto. Una extraordinaria movilidad, siempre al límite del fuera de juego. Fue lo único que le permitió al Inter estirarse y amenazar la portería de Víctor Valdés.

El Barça tenía el balón y cierto control de un partido espeso e interrumpido por momentos, pero nunca se sintió lúcido en tres cuartos de campo. Y es que en una de las pocas que pudo, fue Maxwell el que aprovechó el hueco por su carril para marcharse de Maicon y poner uno de esos centros rasos atrás que tanto sabía aprovechar Pedro. No obstante, el plan del Inter, aunque reactivo, insinuaba mayor peligro. Si en algo sufría aquel Barça pese al óptimo estado de Gerard Piqué -más rápido que nunca-, era en la transición defensiva cuando no podía robar el cuero en campo rival cuando lo perdía.

La disciplina de Motta y Cambiasso en el doble mediocentro y la claridad de un Sneijder que cuajó su mejor temporada como profesional acercaban a su equipo al gol, como terminaría ocurriendo. Con 3-1 a falta de media hora, Guardiola apuesta por erradicar esas transiciones que tanto daño estaban causando e introduce a Abidal por Ibrahimovic, quedando Messi libre arriba y Maxwell como extremo izquierdo. El Barça ocupa los dos carriles por fuera y acumula mucha gente por dentro, pero sin el tiempo para pensar ni el espacio para actuar suficientes para recortar distancias, algo que le sucedería en la vuelta.

Estadísticas via UEFA.com y Soccerway.com

Siete días después, el Inter se presentó en el Camp Nou con una suculenta ventaja que no podía dejar escapar. Mourinho calcó el once (4-3-2-1 en bloque bajo) salvo la entrada de Chivu -futbolista de perfil defensivo- por Pandev. El Barça jugaría como terminó en el Meazza, con una línea de tres centrales, Alves y Pedro en las bandas, cuatro jugadores de nuevo por dentro e Ibrahimovic arriba. Con solo un jugador por fuera en cada carril y con Chivu sobre Alves, que formaba prácticamente una línea de cinco atrás con las constantes internadas del brasileño, fue Zanetti quien se encargó de defender la zona de acción de Messi.

El Barça, a diferencia que en Milán, tuvo tanto el dominio del balón como el control del partido. Keita jugaba con la medular del Inter colocándose a espaldas del mediocentro cual tercer delantero, por lo que Lucio y Samuel quedaban emparejados. Messi, que asumió los galones, contactaba con el cuero una y otra vez ante la presencia de Motta y las ayudas de Zanetti.

Si bien el Inter calcó su intención con la ida, con nueva masterclass de Milito incluida, el plan a Mourinho se le fue al garete tras la expulsión de Motta (30’). Sin el centrocampista, el equipo interista quedó en un 4-4-1, con Milito en derecha, Eto’o en izquierda y Sneijder por delante de Cambiasso y Chivu en el mediocentro. Ahí, el Inter perdió su capacidad de hacer daño al espacio y comenzó una resistencia como pocas se han visto a lo largo de los años en el Camp Nou.

Al no lograr ese primer gol que le permitiera acercarse a la remontada ni en los primeros 45’ ni tras el primer cuarto de hora del segundo tiempo, Guardiola da un nuevo cambio radical a su esquema para encajar a dos delanteros como Bojan y Jeffren. Si bien se marcha Ibrahimovic, el otro sustituido es Busquets, mientras que en el Inter, Mourinho introduce oxígeno y capacidad de ganar duelos con la entrada de Muntari por Sneijder.

En el transcurso de los minutos, el conjunto italiano cedía metros y acumulaba cada vez más hombres en las inmediaciones de su propia área, llegando a formar con una línea defensiva prácticamente de seis -cuatro más dos- dada la altura de los laterales del Barça y la cantidad de gente que juntaba en zonas interiores.

Estadísticas via UEFA.com y Soccerway.com

Sin embargo, el cuadro culé nunca logró fluir lo necesario como para provocar que la zaga del Inter hiciese aguas. Le restó la falta de desequilibrio por dentro -sin Iniesta-, acaparado por un Messi con demasiados rivales a su alrededor y por detrás de balón. Al Barça le quedó el recurso de lanzar balones al área desde los costados, pero desde posiciones no lo suficientemente profundas como para hacer daño. Y, además, ante una zaga tan experimentada como la neroazzura y que completó una tremenda y superexigida actuación en defensa del área; en igualdad y frente a un Gerard Piqué que vivió los últimos compases del duelo rodeado de camisetas blancas. Se trataba de la primera gran eliminación ante la incredulidad del Camp Nou para un Pep Guardiola que viviría otra eliminatoria épica de trágico final.

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