En la tierra como en el cielo

Solo los más grandes son capaces de dejar un legado imborrable, de esos que no desaparecen bajo ningún concepto. Su trascendencia fue tal, que el amor hacia él siempre estuvo por encima de sus oscuridades más personales. Porque cuando amas alguien, el corazón se encargará de apoderarse de tu mente para convertir todas las sombras en luces y todas las espinas en rosas. 

Desde la muerte de Maradona, el mundo del fútbol rindió homenaje a su trascendencia. Cada minuto de silencio se convertía en eterno, pues todos sabían que un trozo del fútbol en su más pura esencia, se iba para no volver. Pero ante una pérdida tan dañina, permanecer callado se alejaba de lo coherente. Jugadores de todas partes del mundo sintieron una deuda con Diego, pero su hijo pródigo experimentó una sensación que iba más allá. El espejo en el que se miraba, se había roto.

Lionel Messi quiso mostrar al mundo su recuerdo y amor incondicional por “El Pelusa» exhibiendo con orgullo la camiseta de su etapa en Newell’s. A priori, un trapo antiguo con un dorsal 10 desgastado, pero que representaba todo aquello que fue Maradona y que quería ser Leo. Empezar de lo más bajo hasta llegar a lo más alto, dejando por el camino gambetas indefendibles y recuerdos inolvidables.

Aceptar que las comparaciones son odiosas no quiere decir que no sean acertadas. Más allá de la estatura, de la procedencia argentina y de un estilo de juego muy parecido, el factor común que mejor los definía era hacer del fútbol arte y de convertir la cancha en un lugar de culto. 

Será difícil de olvidar el homenaje de Leo, sobre todo para él. El vínculo entre Newell’s y Maradona lo hacía aún más especial si cabe. La historia paralela aunque con brecha generacional entre Diego y Messi parece sacada de un guion perfectamente escrito por un destino caprichoso y enamorado al fútbol. Y normal que no decidiera juntarlos en una misma década, por desgracia la ficción no tiene hueco en la vida tal y como la conocemos.

El fútbol seguirá, pero el corazón del aficionado acérrimo empieza a latir algo más lento. Diego se fue, pero Maradona seguirá en cada rincón de Argentina y en cada rincón del mundo. En cada potrero y en cada caricia al balón. Y sobre todo, seguirá en Messi y en cada uno de sus recuerdos. De esta manera, quedará vivo así en la tierra como en el cielo.

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