Llorando en la limo

Frase que firmó el bueno de Pucho, frase que robo para titular esta pieza sobre Antoine Griezmann; sobre sus peculariedades, sus glorias y sus glorias no tan gloriosas.

Griezmann es un jugador aparentemente tímido. Juega de puntillas y apuntilla su juego con un color nimio, como tenue. Alicaído parece estar, decaído se sentirá -vete tú a saber-. Yo solo sé que dubitativo me hace quedar. Verle sobre el verde me inquieta hasta tal punto de no saber si sentir pena o alegría, angustia o emoción, dolor o gozo. Triste o feliz, ¿cómo está? He ahí la cuestión.

Como gipuzkoano y seguidor de la Real, de mi Real; lo he visto en su plenitud física y sobre todo, anímica. En Donosti era un tipo querido y admirado. Jugaba para el equipo de la provincia y eso le hacía saberse cómodo. Aquella era una atmósfera local. Un entorno donde todavía se palpaba esa identidad que hoy día tanto añoramos. Griezmann era uno de los nuestros pese a ser francés. Y bien es sabido que nuestra relación con el país vecino no es del todo cordial. Pero más allá de absurdas riñas territoriales, la Real quería a Griezmann y Griezmann quería a la Real. O eso creían ellos. Y no me meto en el saco porque a mí me la vino sudando bastante su marcha. No soy un forofo alocado ni mucho menos agresivo que se cagó en todos sus muertos, pero es cierto que a la hinchada el hecho de irse de Anoeta al -todavía erigido- Vicente Calderón, le sentó como una puñalada por la espalda.

Traición. Traición es la palabra. Y traicionero es el destino que mandaría un burofax -otro- a las oficinas del Camp Nou con el nombre del galo, dejando así al Atleti sin su buque insignia, sin él jugador. Ese mismo burofax dejaría sin la insignia de estrella al propio Antoine que vería ante sí el cruel ocaso de su carrera. Y hablo como si del futuro viniera, pero tranquilos: no quiero que mi persona versánica pareciera.

No sé qué le deparará el futuro al Barça con el galo y viceversa. Y es que, de saber, ni siquiera sabemos lo que es el Antoine de hoy -y mucho menos el Barça-. Porque aquí parecer, parecemos muchas cosas. Ser, no tantas. Griezmann parece estar triste, -puede que lo esté- pero sea lo que sea, esté como esté, que no te la den con queso: él está llorando en la limo. Griezamann no llora como los mortales, Griezmann llora riendo.

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