Físico y Química

Bien peinaos. Comparecieron los de Koeman en La Catedral con el post-it de los buenos propósitos aún pegado en la nevera, conscientes de que eran las últimas horas en las que estaba permitido desear feliz año antes de que se volviese incómodo. No hubo prisa y no hubo pausa en una victoria coral y convincente. La lección que sin duda aprendió el espectador y ojalá también los jugadores fue la del proverbial ‘hay que ir a por más’. Porque al Barça 2021 no parece sobrarle nada —ni fuelle en el campo, ni dinero en la caja, ni puntos en la tabla— y quizá sin haber puesto tierra de por medio anotando el 1-3 estas líneas serían otro llanto a la desdicha de un equipo al que últimamente las dejadas se le quedan en la red. El capitán sin renovar ejerció de primer cabeza de serie como en las grandes noches y su zurda biónica rubricó un triunfo que supo a partido de dobles de Copa Davis. Su pareja de baile volvió a ser el alumno aventajado Pedri, regalo sorpresa en el Roscón de Reyes del barcelonismo.

Físico y Química. Valdano afirmó que el grácil 16 azulgrana le parecía un canario con un alemán dentro; ahora que a la ecuación se ha añadido un argentino de Rosario, al Barça le vuelven a salir las cuentas de la ilusión. Aunque parece simple que los buenos se acaben entendiendo en el campo, qué complicado y gratificante resulta encontrar un messihablante sobre el verde. Cada vez que Leo y Pedri se funden en un empático abrazo, el culé no sabe bien por quién de los dos se cambiaría. Esta semana Sergio Vázquez escribió que «si alguien frota la lámpara, sale Pedri». A Messi se le ilumina el rictus con cada diablura del insular, que corre mucho y corre bien y nunca deja de pensar como en su día exigió Menotti a todo futbolista que se precie. Se buscan y se encuentran. La única duda que cabe ya con el sutil mediapunta canario es si ha llegado a tiempo para reavivar la llama eterna del 10 de dieces. En San Mamés provocó (provocaron) el incendio de siempre.

Foto: @totalBarca

No, cuelga tú. Lo bueno y malo de este Barça viejoven es que nadie osa poner la mano en el fuego por un equipo discontinuo en fondo y forma; nadie sabe a ciencia cierta qué versión veremos hoy en Los Cármenes cuando haya que luchar por tres puntos y ya no proceda desearse feliz año. Escribí hace tiempo que conviene no tirar el ticket de ninguna opinión formada. El listón de la plantilla cambia en tiempo real e invita a la contradicción: optimismo prudente, enamoramiento austero. Mientras el post-it de las buenas intenciones permanezca pegado en la nevera, los de Koeman deberían ser suficientemente astutos como para lograr que ni nos ilusionemos del todo ni nos sintamos defraudados. Quien nos tiene comiendo de su mano es la pareja de dobles Messi-Pedri, cuya alquimia de relevo generacional brilla con luz propia en un Barça tenue. Les veo jugar y canturreo eso de que asegurarme tu sonrisa es mi rutina preferida. Si la complicidad se convierte en hábito, será difícil no volver a engancharse.

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