La decadencia del Barça

Hace mucho tiempo que el Barça no intimida en Europa. Hace ya seis años de la última vez que una Champions acabó en las vitrinas blaugranas. Desde entonces, más allá de noches esporádicas en el Camp Nou, la máxima competición continental se ha convertido en un auténtico tormento para el Barcelona.

Qué lejos parecen aquellos tiempos en los que cruzarse con el Barça en Champions era sinónimo de emparejarse con un ‘coco’. Aquellas temporadas en las que nadie tosía al Barcelona en el Camp Nou, y en que el equipo catalán hacía sudar a sus rivales cuando los visitaba.

Ver a Messi celebrar un doblete en el Bernabéu, a Súarez liquidando al PSG en el Parque de los Príncipes o a Neymar triunfando contra el Bayern parecen recuerdos de otra época. Ninguno de los tres están ya en el Barça, un club en ruina económica que no pudo permitirse mantener a ninguna de sus estrellas después de derrochar los 222 millones que dejó el brasileño en las arcas del club cuando se alejó de la sombra de Messi.

El club se ha ido desmoronando progresivamente, minimizándose en la parcela deportiva mientras que aumentaba el agujero económico bajo la infausta dirección de Josep María Bartomeu, hasta acabar hundido en la mediocridad con Koeman en el banquillo.

El Barça lleva años dando síntomas de agotamiento, de que había aspectos que no funcionaban. Vacas sagradas a las que había que haber sacrificado en vez de renovarlas con contratos ruinosos. Al Barça le habían aplastado el PSG (4-0) y la Juventus (3-0) con Luis Enrique. Le remontaron la Roma (3-0) y Liverpool (4-0) en noches que dinamitaron la trayectoria de Ernesto Valverde. Y le humilló el Bayern de Munich (2-8) con una tunda como no se recuerda en la Final 8 de Lisboa con Setién.

Pero nunca había sucedido lo que pasó con Koeman. Hasta la llegada del holandés, las pesadillas del Barça pasaban lejos del Camp Nou. Ahora, el santuario culé también es un escenario de pánico para el propio Barcelona. Los tres últimos partidos del Barça en Champions en casa acabaron con goleadas sonrojantes: la Juventus (0-3), el PSG (1-4) y el Bayern (0-3) tomaron el Camp Nou sin contemplaciones. Sin dar opción a la rebelión por parte del Barça. Sin el más mínimo rastro de grandeza.

Antes, al Barça lo sometían los colosos de Europa. Ahora, todos los equipos del continente son capaces de desarbolar al Barça con muy poco esfuerzo. El Granada en Liga arrancó un empate que pudo haber sido victoria en el Camp Nou. El Benfica le endosó un 3-0 al equipo de Koeman, que apenas generó peligro, y lo deja en la lona en Europa.

A Koeman no lo acompañan ni los resultados, ni el juego ni el planteamiento. El holandés se empeña en insistir con la fórmula de los tres centrales que nunca le ha dado resultado y que deja desorientado al equipo. Repite con Luuk de Jong como titular, cuando no alinea a Piqué o Araújo como delanteros.

Los recursos del Barça no son los de hace diez años. Tampoco los de hace cinco. Es innegable que la merma de calidad como consecuencia de una gestión calamitosa limita las posibilidades del equipo, sobre todo en Champions. Pero el discurso de “esto es lo que hay” no se puede sostener más en el tiempo. Porque el Barça tiene mimbres para construir, divertir, enganchar. Y sobre todo, para competir. Y puede, incluso, que para ganar.

Pero el tiempo de Koeman en el Barça está caducado. “Perder ahora tendrá consecuencias”, prometió Laporta. El presidente ya tuvo que perder a Messi. Ahora no puede perder más tiempo si quiere evitar que el Barça se hunda definitivamente.

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