La regencia de Barjuan

“Es una pena marcharse cuando te dan un caramelo tan goloso”. Estas fueron unas de las últimas palabras de Sergi Barjuan como entrenador interino del primer equipo del Barça, pronunciadas en la previa del duelo del pasado fin de semana contra el Celta de Vigo, cuando ya se conocía la llegada de Xavi al banquillo azulgrana. La corta pero intensa etapa de Barjuan al frente del equipo ha tenido sus más y sus menos. Con poco tiempo para actuar, el de Les Franqueses ha intentado, sin demasiado éxito, allanar el camino al próximo encargado de gestionar la difícil situación que se vive en can Barça. Una regencia de tres partidos que han dado mucho de lo que hablar.

La andadura del técnico del B en el primer equipo empezó después de la destitución de Ronald Koeman. Una marcha que, si bien es cierto que tardó en llegar, abría un camino mucho más esperanzador para el aficionado culé. Laporta decidió, pues, designar a un entrenador interino para que ocupara el banquillo hasta que apareciera un nuevo entrenador. Se habló de Albert Capellas, exseleccionador sub-21 danés, que desde la llegada de Laporta a la presidencia había vuelto a lo que había sido su casa, pero se terminó apostando por el entrenador del Barça B, Sergi Barjuan. El catalán no estaba teniendo su mejor inicio con el filial, pero visto con perspectiva parece la decisión más lógica. Barjuan tenía una difícil papeleta pero siempre exigida en un entrenador del Barcelona, sea interino o fijo: ganar partidos y jugar bien. Y la tarea no se presentaba fácil, en el horizonte, dos partidos de liga importantes entre rivales teóricamente inferiores y un match-ball en Champions para seguir con las opciones de acceder a octavos. Además, el tiempo corría en su contra, y es que contaba con pocas sesiones de entrenamiento para implementar su idea de juego. Así que Barjuan se dedicó a gestionar. Lo mismo que había hecho Koeman en un año entero en el banquillo.

Primer acto

Todo empezó en casa, en el Camp Nou. Llegaba el Alavés, pero aún no retornaba la ilusión al estadio, que presentaba una baja entrada. Barjuan tampoco planteó mucha innovación en el once, pero sí que empezamos a ver algunos destellos de su idea. Extremos abiertos, Nico y Gavi de interiores bien perfilados y mucho control de la posesión. Pero se mantenía la misma tónica que con Koeman, poca efectividad de cara a puerta. Después de una primera parte soporífera, el segundo tiempo empezó un poco más alegre y con más ocasiones. Trás el golazo desde fuera del área de Memphis, el equipo durmió el partido y esperó a que pasaran los minutos. Pero un nuevo error defensivo condenó al equipo que no supo marcar un gol más y sumar los tres puntos después de la derrota en Vallecas. Mal inicio. Como nota positiva, el debut de Abde, un extremo habilidoso y sin miedo; un jugador muy necesario en la plantilla. Aun así, el Barça de Barjuan no terminó de encandilar a los poco más de 35 mil aficionados. Porque es imposible construir un equipo en una semana.

Segundo acto

Llegaba el segundo desafío, y el más importante de los tres que ha disputado el conjunto bajo las órdenes de Barjuan. Esta vez en la Champions League, con la obligación de ganar para optar a un puesto por los octavos y a Ucrania. Un combo perfecto para dar un golpe sobre la mesa, o para terminar de derrumbar al equipo. Pero lo de Kiev siguió sin ser lo que todos pretendíamos que fuera. En la primera parte, muchos balones por arriba, problemas en defensa, pocas llegadas al área… La segunda cambió levemente ya que el Barça subió la presión y consiguió tener el balón en zonas peligrosas. Lo que necesitaba el equipo. Mediante un centro de Mingueza que había sido el más incisivo por la banda derecha aunque sin mucho acierto, llegó el latigazo de Ansu que dió alas al equipo. Tres puntos y para casa.

Epílogo

Después del trámite en Ucrania, el Barça visitaba Vigo, infierno azulgrana en los últimos años. Con la ya oficial contratación de Xavi como nuevo entrenador del primer equipo hasta 2024 -fichaje que se anunció oficialmente por la madrugada-, Barjuan afrontaba su último partido al frente del equipo. Corto pero intenso. Como lo fue el partido contra el Celta. Después de una primera parte muy ilusionante, con tres buenos goles y un juego aún mejor, a partir de la lesión del ‘10’ culé, Ansu y la de Eric, las cosas fueron diluyéndose. Aún más cuando solo empezar la segunda parte el Celta mete el primer gol y además, pocos minutos después, Nico González, timón del equipo, pide el cambio. Tres pájaros de prácticamente un tiro cayeron por lesión para completar una enfermería repleta de lesionados. Volvieron los fantasmas de las eliminaciones europeas e Iago Aspas, con su particular idilio frente Ter Stegen puso el empate en el 96. El peor fin imaginable. 

A modo de conclusión, Sergi Barjuan ha hecho lo que ha podido en el Barça. El poco margen de maniobra y la exigencia de los partidos le han hecho sucumbir a un banquillo azulgrana que espera reencontrar su estabilidad con la llegada del hijo pródigo, Xavi Hernández.

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