De las gafas de Davids a la sonrisa de Aubameyang

El gabonés ha sido una de las notas positivas de un FC Barcelona cada vez más reconocible, mereciendo un hueco en nuestra memoria

Artículo publicado por Joan Cebrián (@Motijoan)

Cuando llega el calor, los chicos se enamoran. En clave periodística, concretamente de la rumorología. La prensa se llena de papel mojado con los rumores sobre la incorporación de jugadores de todo tipo. Desde el crack reconocido mundialmente hasta el talento oculto que sólo conoce el periodista que a priori cuenta con la exclusiva. Si bien es cierto que algunos fichajes sí se acaban produciendo, el gran destacado es el festival especulativo: da pie a imaginar aquello que queremos que sea un equipo. Alimenta las fantasías personales a cambio de dejar atrás el raciocinio o la memoria.

Precisamente este último aspecto es una de las deudas pendientes tanto del propio FC Barcelona como de su masa social y el periodismo que le rodea. La hiperbolización del jugador comprendido como cromo y la abundancia de estadísticas sin contexto que tanto caracterizan el fútbol actual dificultan la valoración de los activos de una plantilla. Los mercados de fichajes acentúan todavía más esta situación, pues todas las variables transforman a los clubes -en especial a los del calibre del Barça- en una especie de salvaje oeste. Evaluar el contexto, las fortalezas, debilidades u oportunidades se convierte en un proceso clave y durante los últimos años pocos ejemplos como Pierre-Emerick Aubameyang lo catalizan tan bien en la entidad blaugrana.

De Aubameyang se dijo de todo cuando firmó por el FC Barcelona en el último mercado de fichajes invernal. Las dudas eran legítimas dado el pretexto de su salida del Arsenal FC, pero el gabonés ha callado todas las dudas con fútbol. 11 goles en 17 partidos en LaLiga y otros dos tantos en seis encuentros en la Europa League. Sus registros son consecuencia directa de asumir aquello que Xavi Hernández le pedía: ser un ‘nueve’ que picara con desmarques al espacio constantemente. Hacer el trabajo sucio de desengrasar la construcción desde la lejanía para acabar con la recompensa del gol o la libertad de movimiento superados los tres cuartos de campo. Acciones ofensivas que siempre ocurren tras un buen ejercicio de presión post-pérdida, claro. En menos de medio año ha tapado dolencias del Barça que en el tramo final de temporada ha vuelto a sufrir con el bajón de su rendimiento.

Teniendo en cuenta el papel total, Aubameyang es una reivindicación de la importancia de saber invertir bien el dinero. Fichar por necesidad de perfiles o características en lugar de nombres propios o marketing. Para colmo de sus detractores -ahora acérrimos defensores o conocedores de que iría bien, claro- el gabonés cayó de pie en el aspecto más irracional. En el tener buena sintonía con sus compañeros de delantera, forjando pequeñas sinergias tanto dentro como fuera del campo. Su sonrisa es la de alguien que disfruta y hace disfrutar al resto con el fútbol. La de un tipo que puede celebrar un gol haciendo alusiones a Bola de Dragón -con todo el significado que tiene para muchas generaciones en Cataluña- en el Santiago Bernabéu porque puede.

Pero claro, llega el mercado de fichajes y todo vuelve a estar en el aire. Mucho más cuando el propio Xavi promete cambios dada la necesidad del club blaugrana. Son muchas piezas a las que el técnico de Terrassa debe encontrar encaje y Aubameyang no es una excepción. Que si la posible llegada de Robert Lewandowski, la distribución de minutos con Ansu Fati y Memphis Depay completamente sanos… Por mucho que la rumorología insista en querer demostrar lo contrario, en estas etapas son muchas posibles variables las que convierten el simple gesto de ‘hacer una afirmación’ en un deporte de riesgo.


Independientemente de cuál sea el futuro que le depare, la andadura inicial de Aubameyang en el FC Barcelona merece ser recordada como la de Edgar Davids de la mano de Frank Rijkaard en 2004. Por ser uno de los activos que, junto al técnico, ha ayudado a levantar al equipo tras una primera mitad. Contextos similares que ratifican que no son los fichajes los que salvan a un entrenador ni este a un equipo entero, si no que se trata de una relación bidireccional. Ahora al menos los que no pudimos disfrutar conscientemente de las icónicas gafas del holandés hemos gozado de la sonrisa del gabonés en una línea temporal muy oscura. De momento nos ha sorprendido tanto como Goku cuando éramos pequeños.

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