De Wembley a Balaídos

Londres, estadio de Wembley, 20 de mayo de 1992. Un cañonazo de Koeman empujado por varias generaciones de barcelonistas, los que aún quedaban de Berna y quienes sufrieron Sevilla, acaba con la frustración histórica del club.

Todos los que teníamos un hilo de conciencia, sabemos qué hacíamos y dónde estábamos en aquella tarde noche londinense. Esa Copa de Europa debía ser el principio de una nueva era. Se había conseguido lo más difícil, tras la primera, las demás caerían por su propio peso. ¿O no?.

Tenerife y un final de liga sólo en la cabeza de un Johan Cruyff que desquiciaba al Madrid en cada rueda de prensa, fueron la puntilla definitiva a la alegría de una afición que empezaba a ganar títulos de la forma en que siempre los había perdido. La «flor de Cruyff» que comenzó a crecer en Kaiserslautern, era ya un maravilloso jardín botánico en junio de 1992.

Y así entramos en la temporada 92-93, aún con el brillo de la Barcelona olímpica y la sonrisa de oreja a oreja de los culés tras disfrutar del verano más feliz de sus vidas. Soler, de regreso de su cesión al Atlético de Madrid y un contundente central de nombre Pablo Alfaro como sustituto de Nando desde Zaragoza, eran las incorporaciones de un Barcelona donde la principal noticia fue mantener a Stoichkov tras estar casi con los dos pies en Nápoles.

Al otro lado del puente aéreo, por contra, los refuerzos eran el citado Nando, Zamorano como sustituto de Hugo Sánchez y sobre todo, Benito Floro para el banquillo, el hombre milagro del Albacete o el «Sacchi español». La Quinta seguía siendo la base del equipo, máxime con el retorno de Martín Vázquez. Aunque de la estrella europea que partió al Torino dos años antes, a la que volvió de Marsella, poco quedaba. Como de sus compañeros de generación. Y es que, aunque aún oscilaban entre los 27 y 29 años, la sensación de hartazgo sobre un grupo de jugadores con tantas ligas como palos europeos a sus espaldas, flotaba más que nunca en el ambiente generalizado pero también en buena parte del madridismo. Era como si pese a su juventud, cabía la seguridad de que habían disputado sus mejores partidos. Eindhoven y sobre todo, Milán, eran losas muy pesadas.

Así las cosas, el 2-1 en el clásico del Camp Nou en la primera jornada de la Liga 92-93, no hizo más que confirmar dos estados de ánimo. El del Barcelona, otra vez ganando en el último suspiro (o minuto) y el del Madrid, inmerso en una espiral de derrotas, a cuál más cruel. El Dream Team volaba a lomos de la plantilla más versátil de la era Cruyff. Ni siquiera la sorprendente eliminación europea ante el CSKA de Moscú parecía hacer mella a un equipo que marcó 17 goles en los cuatro partidos ligueros que siguieron al desastre con los rusos. Nadal era el «chico para todo» de Cruyff. Hacía de todo y todo bien. Como marcador, líbero, mediocentro e interior. Además, marcaba goles con su potente testarazo. No perdería la titularidad hasta la llegada de Van Gaal. Guardiola, definitivamente, se había consolidado como el mediocentro más clarividente de Europa, Laudrup era el mejor extranjero de la liga y Txiki y Stoichkov estaban en su campaña más goleadora en el Barcelona. Para Hristo, su obsesión por el Balón de Oro marcará su temporada. Salvo los «jugadores sistema», Zubizarreta, Koeman, Bakero y el propio Guardiola, todos los integrantes del Barça 92-93 cambiaban continuamente sus posiciones. Fue la temporada en la que vimos otra vuelta de tuerca al cruyffismo, la de Eusebio y Goikoetxea como laterales. Un interior y un extremo cubriendo las espaldas de Koeman. Una defensa casi sin defensas. Un once con un sólo defensa nato.

A falta de sólo 3 jornadas para finalizar la liga y tras 10 consecutivas en lo más alto de la clasificación, el Barcelona visita Balaídos con la obligación de ganar para no perder el liderato. Pero entonces, el equipo no es el mismo que contaba sus partidos por goleadas en el primer tramo del campeonato. Pese a dejar el mejor partido de la liga con un 3-4 en Valencia, a la derrota en el Bernabéu que hizo estallar la caja de los truenos entre Díaz Vega y Cruyff, le siguieron dos empates en el Camp Nou ante Tenerife y Atlético de Madrid. Otra derrota en Oviedo, dos semanas antes de visitar Vigo, deja definitivamente al Barcelona sin margen de error. El Madrid de Floro no da espectáculo, pero compite bien, Zamorano los marca de todos colores y Míchel ha vuelto a un gran nivel. Además, la llegada de Clemente a la selección, le ha quitado minutos y kilómetros de encima. El de Barakaldo ha terminado con la etapa de la Quinta del Buitre con España en el momento clave de una clasificación tortuosa para el Mundial que no ha hecho más que acrecentar la guerra con Cruyff.

Zubizarreta, Ferrer, Guardiola, Goikoetxea, Nadal, Amor, Bakero, Begiristain y Salinas, van a cada convocatoria del técnico vasco, Stoichkov, definitivamente, se olvidó de marcar goles en el preciso momento en que Van Basten levantaba el Balón de Oro 1992 y Guardiola y Goikoetxea caen lesionados en el Dinamarca 1 España 0 para el Mundial 94. Jon Andoni se rompe la rodilla, Pep el tobillo, el equipo se desploma física y numéricamente y Johan estalla. Nada volverá a ser igual entre Cruyff y Clemente tras aquel partido de Copenhague. Así, entre lesionados y disputas de Johan con Clemente y hasta con sus propios internacionales, el Barcelona se presenta en Vigo con el once más circunstancial de la temporada. Zubizarreta; Ferrer, Koeman, Soler; Nadal, Oscar, Bakero, Eusebio; Salinas, Laudrup y Vucevic, caen 3-2 ante la telaraña de Txetxu Rojo. Sin apenas margen para recuperar un liderato ya en manos del Madrid, ahora sí, parece que no habrá segundo milagro. La liga vuela al Bernabéu tres años después.

Un lance del partido entre RC Celta de Vigo y FC Barcelona. | Foto vía: La Voz de Galicia.

La sensación, sobre todo cuando dos semanas después, el Madrid asalta el Camp Nou en la vuelta de la semifinal de Copa, es que la flor de Cruyff que empezó a regarse con tanto esmero en Kaiserslautern, se ha marchitado. Sin embargo, siempre quedará Tenerife.

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